viernes, 14 de enero de 2011

DOLOR DE CORAZON

Hoy siento dolor de corazón al ratificar una vez más que en la sociedad existen ciudadanos de primera, segunda, tercera y más categorías. Como a todos los colombianos a mí también me indigna que la violencia se lleve personas de bien, me molesta profundamente ver que una y otra vez los actores del conflicto hacen de las suyas, pero me molesta y me indigna aun mas ver que para que las cosas cambien y se tomen acciones reales en pro de rescatar la paz las victimas deben tener algún tipo de conexión con quienes toman las decisiones en el país. Según cifras que cualquier persona puede encontrar navegando un poco en internet hay varios millones de desplazados por la violencia en el país y hasta el momento esto sólo se ha convertido en un problema más, los asesinatos se cuentan por miles a lo largo y ancho del país y solo cuando se trata de una matanza llega a los medios de comunicación sin que por ello se tomen medidas de fondo, el número de secuestrados sigue siendo importante aunque dentro de este número los llamados “canjeables” ya no sea tan grande, parece que una y otra vez se ratifica que para que los colombianos nos dejemos tocar deben ser personas influyentes las que se ven amenazadas porque solo ellas tienen la capacidad para hacerse oír, solo ellas o sus familias tienen la capacidad y los contactos para encontrar caminos que no están abiertos a los ciudadanos del comun. Los últimos días la noticia en todos los medios ha sido el cruel asesinato de dos jóvenes estudiantes en San Bernardo – Córdoba, de lejos una terrible noticia para el país y especialmente para sus familias, amigos y conocidos, pero la pregunta que me hago yo y que espero se haga más de una persona es si esa noticia habría tenido el mismo impacto si se hubiese tratado de otras personas (un par de campesinos por ejemplo), porque creo que este departamento ha sido víctima de la violencia como tantos otros en el país una y otra vez y no recuerdo antecedentes de acciones anteriores como las que se han promovido en esta ocasión a no ser cuando se ha tratado de personas “influyentes”.

Seguro estoy soñando con el ideal de que lleguemos al momento en que cualquier víctima del conflicto sin importar su condición despierte la solidaridad y la acción por parte de todos los que nos consideramos personas de bien, porque todos los colombianos tenemos la misma condición y no existen categorías de personas. Estoy segura que si a todos los niveles tomamos conciencia de ello, el conflicto dejaría de tener espacio entre nosotros y podríamos conseguir un poco de paz y mejores oportunidades para todos.